Era de noche, aunque todo estaba muy bien iluminado, yo estaba sola andando y andando sin parar, a mi alrededor muchos coches, de los cuales podía distinguir perfectamente el color, cosa que no ocurría cuando esta rodeada de tanta gente, había muchas personas, intuía quienes eran, identificarles me resultaba algo imposible.
Estaba muy a gusto, sonreía sin parar, mi sensación era muy agradable.
Llegamos al caserón para mi muy familiar a la vez que desconocido, es todo oscuro, los colores no se distinguen y yo vuelvo a estar sola. Esta situación ya la he vivido y me entra el miedo, creo recordar que aquí no he pasado momentos muy buenos.
Aparece el famoso hombre que me hace correr y correr durante muchísmo tiempo. Es él sin duda, su bigote es inconfundible, tras este pensamiento comienza a perseguirme.
Parece no cansarse y yo cada vez estoy más y más asustada, consigo huir.
Mi preocupación y mal estar empiezan a ser cada vez mayores, estoy en el hospital, yo no soy la enferma. Nadie me lo dice, pero yo no soy tonta y me doy cuenta de que estoy aquí por él.
Decido ir a visitarle a su habitación y cuando llego sin saber muy bien cómo he conseguido llegar hasta aquí sin indicaciones de nadie, la habitación está vacía no hay ninguna persona y en un instante todo lo que era de color blanco y verde reluciente pasa a ser oscuro, estoy muy muy triste, nadie me lo dijo, aún así yo lo sé, se fue y no me pude despedir de él.
Lo sabía no se iría sin despedirse de mi, no era propio de él.
El lugar de encuentro era lo más extraño que yo recuerdo haber visto, techos altos y bajos, con puertas pequeñas y grandes, todo fue muy rápido pero intenso.
Estaba muy malito, tanto que no logré entender lo que intentaba decirme una y otra vez con su boca temblorosa, ésto no tenía importancia, yo sentía y hoy en día siento que ese fue el momento que él eligió para despedirse de mi, de su nieta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario